El domingo 7 de junio se celebrarán las Elecciones Internas Simultáneas de las organizaciones políticas del Paraguay, un proceso que, en apariencia, funciona como el prolegómeno obligado de las Elecciones Municipales del 10 de noviembre. En esa jornada de noviembre, el país renovará autoridades municipales —intendentes y concejales— en todo el territorio nacional. Pero, como suele ocurrir en la política paraguaya, la liturgia electoral esconde tensiones que van mucho más allá del ritual cívico.
Para muchos partidos pequeños y movimientos aliados al Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA), las internas de junio no son más que un trámite: un proceso testimonial destinado a validar candidaturas que ya fueron negociadas en trastiendas y reuniones discretas. En esos casos, el resultado está cantado antes de que se abra el primer ataúd de votos. Otros candidatos irán directamente a noviembre, sin pasar por el filtro interno. El verdadero combate, como en cada ciclo electoral, se librará puertas adentro de la Asociación Nacional Republicana.
"El verdadero combate se librará puertas adentro de la ANR —el Partido Colorado— pero esta vez con variables que no estaban en el tablero antes."

La sombra del líder ausente

El primero y más inquietante de esos factores nuevos es el estado de salud de Horacio Cartes, líder indiscutido del movimiento Honor Colorado, expresidente de la república y actual presidente de la ANR. Cartes arrastra desde hace unos meses una enfermedad cuya naturaleza real permanece envuelta en un opaco silencio. Nadie —ni su entorno más cercano ni la opinión pública— sabe con precisión qué tan grave es el diagnóstico ni cuál puede ser su evolución. Lo que sí se sabe, y eso no es un detalle menor, es que una porción sustancial del financiamiento partidario proviene de sus cuentas personales. Un Cartes debilitado no es solo un problema de salud privada; es una ecuación política y financiera que sacude los cimientos de todo un movimiento.

Un gobierno que pilota desde las alturas

El segundo factor es la naturaleza del liderazgo presidencial en ejercicio. Lo que algunos analistas denominan un "peñismo incipiente" muestra, hasta ahora, una conducción que parece más cómoda en las alturas conceptuales —desde un avión o un helicóptero— que con los pies sobre el terreno de la realidad social paraguaya. Gobernar con vocación de altitud tiene sus riesgos: cuanto más distante está la mirada del suelo, más detalles se pierden, y los detalles, en política municipal, suelen ser todo. Más aún pensando en las Generales Presidenciales del 2028.

El Congreso en llamas

El tercer y quizás más explosivo elemento es el estado del Congreso Nacional, tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados. La "interna colorada" en el Poder Legislativo no transcurre en abstracto: se desarrolla en medio de un fuego cruzado de escándalos que acumulan casos de enriquecimiento ilícito, señalamientos de corrupción, vínculos con el narcotráfico y, más recientemente, las sombras que rodean a ciertos "negocios financieros de alto vuelo" que ponen en riesgo los fondos del Instituto de Previsión Social (IPS) y el ahorro de los jubilados paraguayos.

Cada nuevo escándalo que emerge altera el delicado equilibrio de fuerzas dentro del partido y obliga a los candidatos a tomar posición —o, más frecuentemente, a ensayar el arte del silencio calculado.

"La pregunta que flota sobre junio no es quién gana las internas, sino si el partido hegemónico llegará a noviembre con la cohesión suficiente para no perder lo que siempre ha considerado suyo."

En síntesis, las internas del 7 de junio no son el capítulo aburrido que precede al verdadero drama electoral. Son, en sí mismas, una fotografía de época: la de un Paraguay donde el partido dominante enfrenta, simultáneamente, la incertidumbre sobre su principal mecenas, un gobierno que busca su propio estilo de liderazgo y una representación parlamentaria golpeada por la sospecha. El resultado de esa fotografía determinará, en buena medida, el color del mapa político que veremos en noviembre.